Colonia

El tren tarda más de dos horas desde Ámsterdam hasta Colonia (Köln), la ciudad alemana más antigua. Decía 12:40 y salió exactamente en ese minuto. Tenía WIFI pero limitado a 200 MB, prácticamente un insulto. El conductor nos advirtió de los carteristas en tres idiomas. Se detuvo en la penúltima estación por investigación policíaca en las vías. Así que ya aprendimos algo: chorros y asesinos hay en todas partes.

Los alemanes dicen Aló estirando la “o” y cuando manejan frenan para que pases aunque no haya semáforo. No creen en las bolsas. Tenés que pedirlas y te las cobran. Starbucks tiene los mismos dulces que el supermercado, pero te los cobra el triple. Salvo la Carrot cake que me gustó.

Hicimos el tour. En 1248 comenzó la construcción de la catedral, ícono de la ciudad. Llevó 600 años terminarla. Los expertos dicen que la parte izquierda la hicieron los prusianos y la derecha los coloneses. Es de estilo gótico y tiene una parte cubierta por andamios. Pensás “vine a sacar la foto el año que decidieron restaurarla”. Pero no, los andamios están hace 30 años y no hay señales de que los vayan a sacar. En la catedral hay un cofre con las cenizas de los reyes magos. Incomprobable. Como decía un personaje en Baudolino: Es la fe la que hace verdaderas las reliquias, no las reliquias las que hacen verdadera la fe. La casa más angosta de la ciudad se construyó en los huecos que había entre dos casas. Tiene 2 metros de frente y 30 metros de fondo. Las paredes interiores son de cristal. La guía nos contó sobre Thomas Baumgärtel, un artista que pinta bananas con aerosol en el frente de los edificios artísticos. Vimos un mural en el que este artista representa la ciudad de Colonia cercada por el antiguo muro medieval. La catedral aparece muy pequeña y el único edificio de arte está siendo demolido para hacer lugar a los rascacielos de inversoras y bancos. La banana representa, según el artista, al arte y a la cultura. Una ciudad moderna deja su cultura de lado para abrirle las puertas a bancos y entidades financieras, la banana es la resistencia. Interesante. Das una vuelta por la catedral, hacés el tour, mirás las bananas, te sentás en Starbucks, comprás unas tazas y… Fin.

Bonn

Sacamos un pase de trenes regionales y salimos para Bonn, una ciudad vecina. El sistema ferroviario de los países europeos es complejo. El pase debía sellarse pero no sabíamos dónde. Nadie nos pidió el boleto ni había molinetes. El aparato para marcar el boleto estaba en la estación de Bonn pero nadie lo controlaba. El Estado confía en sus ciudadanos. Bueno, son alemanes, no argentinos. Si hacen eso acá nadie paga por viajar. Me sentí en casa cuando empezaron a tocar música en el tren y sonó un bandoneón. Los alemanes sonreían ese día soleado. Pasó un tipo con un vasito a juntar monedas. Lo hacen más ágil, un tema y se van, no como en Buenos Aires que no se van más mientras vos querés leer tranquilo. Había adolescentes mirando videos, como en todos lados. El tren es muy silencioso y la gente habla bajo. Los asientos estaban más pegados que en los trenes que veníamos tomando, con menos espacio para las rodillas. Hubo demoras, no es tampoco todo perfecto.

Miramos ropa. Te dejan entrar con mochila a todos los comercios. Nos sentamos en unos bancos frente al río, junto a un puente cubierto de paneles solares a los costados con un tablero que detallaba cuánta energía estaban capturando. Almorzamos en Paulaner. Pedimos goulash. Estaba bueno pero no nos deslumbró. De regreso a Colonia en el tren viajamos parados. Evidentemente no existe el sistema de transporte perfecto, pero comparados al nuestro, los sistemas de Bélgica, Países bajos o Alemania están muy adelantados.

Los coloneses son muy orgullosos de su ciudad. Hay demasiado merchandising. Imanes, llaveritos, escudos, muñecos, tazas. No termino de entender por qué. Lo único interesante además de la catedral son los negocios. Las librerías tienen muy buena papelería. Pero no me terminó de gustar la ciudad. Colonia se recorre durante una mañana o media tarde, no más de un día. Por suerte la próxima escala sería una capital con mucha historia.


Originalmente publicado en LeonardoDamian.com

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